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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Hacía semanas (meses en realidad, desde el comienzo del verano) que no pisaba una biblioteca para otra cosa que no fuera estudiar páginas y más páginas de leyes. Esta misma semana fui a una y pude sacar unos cuantos libros aunque me costó decidirme y como sólo podía alquilar tres, me traje estos.














- Diario I 1931-1934, de Anaïs Nin
- El dolor, de Marguerite Duras
- Tres rosas amarillas, de Raymond Carver

Todavía no he podido empezar ninguno porque tengo que terminar uno de Patricia Highsmith (procuro no leer más de un libro a la vez -¡mezclo las historias y se me olvidan las cosas!-, y al final termino por dejar uno de ellos de lado), pero creo que elegí bien.

miércoles, 28 de julio de 2010

les yeux bleus, cheveux noirs

Ella dormiría, dice el actor. Parecería hacerlo, dormir. Está en el centro de la habitación vacía, sobre sábanas blancas extendidas en el mismo suelo.
Él está sentado junto a ella. La mira intermitentemente.
Tampoco hay sillas en esta habitación. Sin duda él ha traído las sábanas y luego, acto seguido, una a una, puerta tras puerta, ha cerrado las demás habitaciones de la casa. Esta habitación da al mar y a la playa. No hay jardín.
Ha dejado ahí la araña de luz amarilla.
Sin duda no sabe exactamente el porqué de lo que ha hecho con las sábanas, las puertas, la luz.
Ella duerme.
Él no la conoce. Mira el sueño, las manos abiertas, el rostro todavía extraño. Los senos, la belleza, los ojos cerrados.Si hubiera dejado abiertas las puertas de las demás habitaciones, ella habría, sin duda, ido a ver. Es lo que él ha debido de pensar.
Él mira las piernas que descansan, lisas como los brazos, los senos. La respiración es igualmente clara, prolongada. Y bajo la piel de sus sienes, sosegadamente, el flujo de la sangre que late, aminorado por el sueño.
Exceptuada esta luz central de color amarillo que cae de la araña, la estancia está oscura, es redonda, se dirigía, cerrada, sin fisura alguna entorno al cuerpo.